Un nuevo rifirrafe entre los hermanos Carlos Fernando y Juan Manuel Galán ha capturado la atención mediática, evidenciando las tensiones que puede generar la política dentro de una de las familias más influyentes del país. La controversia se desató luego de que el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, expresara públicamente que no considera “conveniente” la precandidatura presidencial de su hermano mayor. En una entrevista con la revista Cambio, el alcalde de la capital argumentó que su promesa es “gobernar para todos, sin distinción y sin favores”, y que apoyar a su hermano no sería ético. “No es conveniente que la candidatura de mi hermano en 2026 afecte la mía en 2030”, habría sido la traducción de sus intenciones según la exalcaldesa Claudia López, quien calificó a los hermanos como los “nuevos Caín y Abel”. La respuesta de Juan Manuel Galán, precandidato por la coalición 'La Gran Consulta', fue mesurada, afirmando que respeta la opinión de su hermano y que su actuación política “ha sido y seguirá siendo independiente, transparente y dentro de la ley”. El alcalde, por su parte, se defendió de las críticas de López, sugiriendo que ella debería “mirarse al espejo” y que simplemente expresó una opinión personal que no afecta su relación familiar.
Este episodio, sin embargo, trasciende lo personal y tiene implicaciones políticas.
Pone de manifiesto la delicada posición del alcalde de Bogotá, quien debe mantenerse al margen de la contienda nacional, y al mismo tiempo, genera ruido en torno a la campaña de Juan Manuel, quien compite en una alianza clave de la oposición.
En resumenLa pública diferencia de opiniones entre los hermanos Galán ha añadido un elemento de drama familiar a la contienda política. Más allá del conflicto personal, el episodio refleja las complejas dinámicas de poder entre el gobierno de Bogotá y la carrera presidencial, y cómo las aspiraciones políticas pueden generar tensiones incluso en los círculos más cercanos.