La decisión generó rechazo y cuestionamientos desde diversos sectores.
El general Hugo Alejandro López Barreto fue designado como nuevo comandante general de las Fuerzas Militares, en reemplazo del almirante Francisco Cubides. También hubo cambios en el Ejército, con la llegada del mayor general Royer Gómez Herrera, y en la Fuerza Aeroespacial Colombiana. El nombramiento de López Barreto es particularmente significativo, ya que fue miembro de la mesa de negociación con el ELN, lo que se interpreta como un posible guiño a la política de 'paz total'. Los cambios se producen en un contexto de deterioro del orden público en varias regiones, como Cauca y Cesar, lo que evidenció fallas en la capacidad de reacción de las fuerzas. La movida del presidente ha sido vista como un intento de alinear el estamento militar con sus objetivos políticos para el remate de su gobierno y la transición hacia las elecciones, lo que ha avivado el debate sobre la relación entre el poder ejecutivo y las fuerzas armadas en un año preelectoral.













