De la Espriella demostró un notable músculo logístico al entregar 4,8 millones de firmas ante la Registraduría, la cifra más alta hasta ahora y casi ocho veces el mínimo requerido. Parte de este éxito se atribuye a una estructura de movilización digital, que incluye grupos de WhatsApp con cientos de miembros creados desde hace más de un año para difundir su imagen. Su negativa a participar en consultas, advirtiendo que no se prestará para ellas, lo diferencia de otros aspirantes y obliga a la derecha tradicional a decidir si lo contiene o se alía con él. Un artículo de análisis lo define como el representante de la “ultraderecha”, un sector que “tilda al adversario de ‘enemigo de la República’” y desconfía de los mecanismos de partidos y consultas, viendo la democracia como un “vehículo, no compromiso”.
Esta postura ha encontrado eco en alianzas como la sellada con el partido Salvación Nacional, dirigido por Enrique Gómez. El ascenso de De la Espriella obliga a la derecha a confrontar el riesgo de que su electorado sea capturado por una figura externa si no logran unificarse, un escenario que podría fragmentar aún más a la oposición.










