Un artículo menciona que, aunque es “mucho menos incendiario, menos imprudente y pendenciero que Petro”, es percibido como “ideológicamente más radical”, y se advierte que un triunfo suyo sería una “hecatombe para Colombia”.

Esta narrativa busca deshumanizar al adversario y sembrar la idea de que la izquierda democrática representa una amenaza. Un ejemplo de esta tensión fue el incidente en el Congreso donde la senadora Paloma Valencia le gritó la expresión “mándeme a matar”, una frase que, según un análisis, “fue la expresión más clara de un estilo político que busca deshumanizar al adversario”. La respuesta de los sectores progresistas, se argumenta, no debe ser caer en la provocación, sino mantener un rumbo sereno y propositivo. La figura de Cepeda, por tanto, no solo define la contienda en términos de votos, sino que también establece el tono polarizado del debate público.