El senador Iván Cepeda se ha convertido en la figura central de la precampaña presidencial, no solo por su liderazgo en las encuestas, sino también por la fuerte polarización que genera su candidatura. Su ascenso ha provocado que el debate electoral gire en gran medida en torno a su figura, siendo calificado por sus opositores como una opción radical. El crecimiento de Cepeda en la intención de voto lo ha posicionado como el candidato a vencer, redefiniendo las estrategias de los demás contendientes. Sin embargo, este protagonismo viene acompañado de una campaña de miedo y estigmatización por parte de algunos sectores políticos.
Un artículo menciona que, aunque es “mucho menos incendiario, menos imprudente y pendenciero que Petro”, es percibido como “ideológicamente más radical”, y se advierte que un triunfo suyo sería una “hecatombe para Colombia”.
Esta narrativa busca deshumanizar al adversario y sembrar la idea de que la izquierda democrática representa una amenaza. Un ejemplo de esta tensión fue el incidente en el Congreso donde la senadora Paloma Valencia le gritó la expresión “mándeme a matar”, una frase que, según un análisis, “fue la expresión más clara de un estilo político que busca deshumanizar al adversario”. La respuesta de los sectores progresistas, se argumenta, no debe ser caer en la provocación, sino mantener un rumbo sereno y propositivo. La figura de Cepeda, por tanto, no solo define la contienda en términos de votos, sino que también establece el tono polarizado del debate público.
En resumenEl liderazgo de Iván Cepeda en las encuestas lo ha convertido en el eje de la campaña presidencial, generando una fuerte polarización y una estrategia de miedo por parte de sus opositores, lo que anticipa un debate electoral marcado por la tensión ideológica.