Los partidos han mostrado apuestas diversas.

El Pacto Histórico, con la exministra Carolina Corcho a la cabeza, y el Centro Democrático, liderado por el representante Andrés Forero, optan por listas cerradas, buscando proyectar cohesión y disciplina ideológica. En contraste, partidos tradicionales como el Liberal, con Lidio García; el Conservador, con David Barguil; Cambio Radical, con Carlos Motoa; y la U, han preferido las listas abiertas o con voto preferente, un modelo que permite a los electores elegir candidatos específicos pero que, según los críticos, puede fomentar el clientelismo y debilitar las líneas programáticas. La conformación de las listas es fundamental, ya que, como señala un análisis, los votos organizados que estas movilizan “serán decisivos en una contienda muy reñida”. Además, la formación de coaliciones para el legislativo, como la del centro entre Alianza Verde y En Marcha, o la de Dignidad y Compromiso con el Nuevo Liberalismo y MIRA, evidencia una tendencia a la fragmentación y a la búsqueda de alianzas para superar el umbral del 3% en el Senado y asegurar la personería jurídica. Estas movidas en el Congreso son un termómetro del poder de las maquinarias y de la capacidad de cada aspirante presidencial para contar con un respaldo legislativo sólido.