El principal reto para este espectro político es superar la fragmentación. Aunque las encuestas sugieren que la preferencia por la derecha sigue siendo ligeramente superior a la de la izquierda, este apoyo aparece disperso entre múltiples aspirantes. La decisión de Abelardo de la Espriella, quien lidera las mediciones en este sector, de ir directamente a primera vuelta, ha complicado los planes de una gran consulta que incluyera a uribistas, conservadores y otros partidos. El expresidente Álvaro Uribe ha promovido una coalición amplia “desde Sergio Fajardo hasta Abelardo”, pero la propuesta no ha encontrado consenso.

Mientras De la Espriella insiste en una encuesta como mecanismo de selección, otros precandidatos ven la consulta de marzo como la plataforma ideal para crear un bloque sólido que pueda derrotar a Iván Cepeda. La iniciativa, por tanto, está en manos de la derecha, que debe decidir si mantiene la tensión hasta marzo, midiendo a sus candidatos directamente en las urnas, o si elige un aspirante de manera anticipada para concentrar la estrategia contra el candidato del Pacto Histórico. El riesgo de no lograr un acuerdo es evidente: una división en la primera vuelta podría facilitar el paso de la izquierda a la segunda, dejando a la derecha sin un contendiente unificado con opciones reales de victoria.