Estos resultados han provocado reacomodos estratégicos, adhesiones y crisis en diversos sectores políticos.

El sondeo de Invamer de noviembre causó un verdadero sismo político. El “salto inesperado” de Iván Cepeda, cuya intención de voto aumentó en más de diez puntos, lo posicionó como el principal contendiente y alteró todos los cálculos previos. Simultáneamente, Abelardo De la Espriella subió alrededor de cuatro puntos, consolidándose como la figura más fuerte de la derecha, mientras que Sergio Fajardo se mantuvo estable.

Este nuevo escenario dejó damnificados, como Vicky Dávila, quien pasó de liderar las encuestas meses atrás con un 14 % a caer por debajo del 4 %.

Los efectos fueron inmediatos: el precandidato liberal Mauricio Gómez Amín adhirió a la campaña de De la Espriella, una decisión presuntamente ligada a los resultados desfavorables. Los análisis advierten que estas encuestas son una “fotografía preliminar” de una campaña dispareja, ya que miden conjuntamente a candidatos definidos, precandidatos sin aval y figuras cuya participación no está asegurada, lo que puede distorsionar los resultados.

No obstante, las tendencias son claras: la izquierda, sumando a Cepeda y Camilo Romero, alcanzaría un 32,9 %, mientras que la derecha y centroderecha superarían el 35 %, aunque de forma fragmentada. Un dato relevante es que, en un eventual balotaje, Sergio Fajardo aparece en un empate técnico con Cepeda, sugiriendo que el centro político aún podría ser decisivo en una segunda vuelta.