En cambio, insiste en que una encuesta sería un método “rápido, transparente y sin presiones burocráticas” para definir un candidato único que enfrente a la izquierda. Esta decisión lo posiciona como un actor independiente con una base ciudadana demostrada, pero al mismo tiempo lo aísla de las estructuras partidistas tradicionales que buscan un frente común. Su estrategia parece ser capitalizar el impulso de las encuestas, donde figura como el líder de su espectro, para forzar las condiciones de una eventual alianza en sus propios términos, en lugar de someterse a un proceso que, según él, podría desdibujar la fuerza de su apoyo popular.