Ambos exministros han negado rotundamente los cargos.

Bonilla afirmó: "nunca he tenido un peso de la actividad ilícita, cumplí cabalmente con mis funciones". Por su parte, Velasco se declaró "confundido" por la acusación y aseguró que no negociará con la Fiscalía, manifestando: "cuando escuchen mis pruebas la visión del país será otra". El caso ha escalado hasta el más alto nivel del gabinete de Petro, remitiendo a escándalos de gobiernos anteriores y proporcionando una poderosa munición a la oposición de cara a la campaña presidencial.