La contienda se centra entre el senador y expresidente del partido, Efraín “Fincho” Cepeda, y el excontralor Felipe “Pipe” Córdoba, cuya sorpresiva irrupción ha sido impulsada por lo que se describe como una “traición costeña” y alianzas internas que han fracturado el aparente consenso en torno a Cepeda. Aunque inicialmente parecía que Cepeda tenía el camino despejado, la aparición de Córdoba, un abogado sin tradición en el conservatismo pero con habilidad como operador político, ha alterado el equilibrio. La opción de Córdoba fue impulsada por una carta firmada por directoristas que antes eran aliados de Cepeda, incluyendo miembros de las líneas de David Barguil y Nadia Blel, quienes solicitaron ampliar el plazo de inscripción para permitir su participación. Cepeda ha acusado que detrás de los apoyos a Córdoba hay “fuerzas petristas” y “presiones impresentables”, sugiriendo que el excontralor podría estar ofreciendo su influencia en las cortes a cambio de respaldo, acusaciones que no han sido probadas. Quienes apoyan a Córdoba, por otro lado, argumentan que sus buenas relaciones con los congresistas durante su tiempo como contralor y el desgaste de la figura de Cepeda explican su ascenso. Esta división deja al partido debilitado y con un candidato que, sea quien sea, marcará poco en las encuestas, afectando su posición en la mesa de negociación de la coalición de derecha.