El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Hacienda, alista un borrador de decreto para eliminar la prima especial de servicios que reciben mensualmente los congresistas, un pago de aproximadamente 15 millones de pesos. Esta medida, que se fundamenta en un fallo de la Corte Constitucional y en la necesidad de austeridad, se produce tras más de 20 intentos fallidos de reducir el salario de los legisladores a través de proyectos de ley. La decisión de actuar por vía ejecutiva ha generado un amplio debate. El borrador del decreto argumenta que la remuneración de los congresistas, que ronda los 52 millones de pesos mensuales, “resulta desproporcionada en relación con el ingreso promedio de la población y con la realidad económica del país”. El Gobierno busca reorientar el gasto y aplicar medidas de austeridad que no afecten derechos fundamentales.
Esta iniciativa ha encontrado respaldo en figuras políticas como la senadora Angélica Lozano, quien ha impulsado proyectos similares y declaró: “En esto sí estoy de acuerdo con Petro”.
La medida se enmarca en un contexto de fuerte crítica ciudadana hacia los altos salarios del Congreso y se presenta como un acto de justicia social, especialmente tras el significativo aumento del salario mínimo decretado para 2026. Sin embargo, la elección de la vía del decreto para una materia tan sensible, que afecta directamente al poder legislativo, podría ser interpretada como un desafío al Congreso, donde las propuestas de reducción salarial han sido sistemáticamente bloqueadas. La inminente expedición del decreto pondrá a prueba las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo en el inicio del año electoral.
En resumenLa inminente eliminación de la prima de servicios a congresistas vía decreto marca un punto de inflexión en la política de remuneración del Legislativo. Aunque la medida responde a un extendido clamor ciudadano por mayor equidad y austeridad, su implementación por vía ejecutiva, tras múltiples fracasos en el Congreso, subraya las tensiones entre los poderes del Estado y la persistente dificultad para reformar los privilegios de la clase política.