Las consultas interpartidistas del 8 de marzo de 2026, diseñadas para unificar candidaturas presidenciales, se enfrentan a un escenario de alta fragmentación y escepticismo. La negativa de figuras prominentes como Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella a participar ha debilitado el mecanismo y ha forzado a los demás actores políticos a recalcular sus estrategias. A pesar de que 34 partidos y movimientos comunicaron a la Registraduría su intención de participar, la ausencia de los punteros en las encuestas del centro y la derecha desdibuja el propósito de las consultas. Sergio Fajardo argumenta que estas “solo benefician a los extremos” y ha propuesto en su lugar la realización de encuestas para construir una “nueva mayoría” que enfrente a Iván Cepeda. Por su parte, De la Espriella ha optado por ir directamente a la primera vuelta. Esta situación ha llevado incluso al expresidente Álvaro Uribe, inicial promotor de una “megaconsulta”, a dudar de su viabilidad.
Uribe ahora plantea que si la oposición se dispersa, sería “preferible que el Centro Democrático se reserve” y proponga una encuesta más adelante.
En contraste, el Pacto Histórico y el Frente Amplio sí utilizarán este mecanismo para ratificar a su candidato.
La Alianza Verde, sin embargo, anunció que no participará institucionalmente, dejando en libertad a su militancia.
El panorama actual sugiere que las consultas podrían convertirse en un “harakiri político” si no se manejan con rigor, corriendo el riesgo de legitimar candidaturas menores en lugar de consolidar fuerzas competitivas.
En resumenLas consultas presidenciales de marzo de 2026 están en entredicho por la ausencia de candidatos clave como Fajardo y De la Espriella. Mientras la izquierda las utilizará para unificarse, la derecha y el centro debaten su utilidad frente a la fragmentación, con figuras como Álvaro Uribe sugiriendo encuestas como alternativa, lo que evidencia una profunda crisis estratégica en la oposición.