La muerte de Liliana Cruz, de 25 años, en Chiscas, Boyacá, ha dado un giro inesperado, pasando de ser un presunto ataque de francotirador a un posible homicidio accidental. Su esposo, el subteniente y comandante de la policía local, Hamilton Ruiz Bolívar, es investigado por presuntamente haberle disparado de forma no intencional con su fusil de dotación. El trágico suceso ocurrió cuando la pareja se encontraba a unas tres cuadras de la estación de policía. Liliana Cruz, quien se desempeñaba como trabajadora social del municipio, falleció a causa de una herida de bala en la cabeza. Inicialmente, se especuló que podría tratarse de un ataque de un grupo armado, dado el reciente hostigamiento a un batallón cercano.
Sin embargo, la investigación preliminar y la versión de la defensa apuntan a que el disparo provino del fusil Galil del subteniente Ruiz. Su abogado, Diego Coconubo, afirmó que el hecho se debió a una "manipulación errónea del fusil".
El oficial había recibido esta arma de largo alcance como parte de la dotación por una orden de acuartelamiento debido a la situación de orden público en la zona. Aunque el subteniente Ruiz no ha sido capturado, al considerarse un hecho no intencional, fue suspendido de sus funciones y se encuentra a disposición de la Fiscalía para la investigación correspondiente. La comunidad de Chiscas y del municipio natal de la víctima, Ramiriquí, han expresado su profunda consternación por la muerte de la joven profesional.
En resumenEl fallecimiento de Liliana Cruz en Boyacá, inicialmente atribuido a un ataque armado, ahora se investiga como un posible accidente por mala manipulación del arma de su esposo, un comandante de policía. El caso ha generado conmoción y subraya las trágicas consecuencias del manejo de armas de fuego.