La muerte de Mauricio Cendales Parra, un conductor de 35 años linchado por una turba de motociclistas en la localidad de Kennedy, en Bogotá, ha puesto de relieve la creciente violencia urbana y el debate sobre la justicia por mano propia. El suceso ocurrió la noche del 11 de noviembre, después de que Cendales, conduciendo erráticamente, atropellara a varios motociclistas e intentara huir. La persecución, en la que participaron cerca de 200 motociclistas, culminó cuando Cendales fue interceptado, sacado a la fuerza de su camioneta y golpeado brutalmente con cascos, palos y otros objetos, a pesar de los esfuerzos de un agente de policía por protegerlo.
Falleció en un centro asistencial debido a los politraumatismos.
La familia de Cendales ha ofrecido una perspectiva diferente, revelando que padecía graves problemas de salud mental, incluyendo depresión, estrés agudo y episodios de agresividad, por los cuales había estado hospitalizado un año antes. Su sobrino, Francilides Rodríguez Cendales, afirmó que su comportamiento no se debía al alcohol, sino a un trastorno mental, y que su esposa había solicitado sin éxito ayuda policial para internarlo el mismo día de la tragedia. La familia también desmintió que Cendales portara un arma blanca. El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, condenó el linchamiento, afirmando que “nada justifica un linchamiento” y que la justicia debe actuar.
Las autoridades, basándose en videos de seguridad, ya han identificado a cuatro de los presuntos agresores y avanzan en la investigación para llevarlos ante la justicia.
En resumenEl linchamiento de Mauricio Cendales en Bogotá subraya un peligroso cruce entre la frustración ciudadana, la violencia colectiva y la falta de atención a la salud mental. Aunque sus acciones al volante generaron un riesgo, su muerte a manos de una turba ha sido ampliamente condenada, impulsando una investigación para identificar a los responsables y un debate sobre la intolerancia en la ciudad.