La explosión de una granada de fragmentación en la localidad de Kennedy, Bogotá, dejó como saldo dos personas fallecidas y ha generado interrogantes sobre el acceso a material de guerra por parte de civiles. La versión inicial de las autoridades, que identificó a las víctimas como habitantes de calle, ha sido cuestionada por familiares de uno de los fallecidos. El incidente ocurrió la noche del 11 de noviembre bajo un puente en la intersección de la avenida de las Américas con avenida Ciudad de Cali, cerca del centro comercial Tintal Plaza. Según el coronel Álvaro Mora, comandante operativo de seguridad ciudadana, la detonación se produjo por la “manipulación irresponsable” del artefacto por parte de dos hombres.
Ambas víctimas fueron trasladadas al Hospital de Kennedy con graves heridas.
El primer hombre, de aproximadamente 35 años, llegó sin signos vitales debido a un trauma craneoencefálico severo. El segundo, de unos 40 años, falleció en la mañana del 12 de noviembre tras luchar por su vida; presentaba un trauma vascular en el cuello y una esquirla en el cráneo. La versión oficial de la Policía, que catalogó a las víctimas como habitantes de calle, fue rechazada por la familia de uno de ellos. En un comunicado, afirmaron que él “no era un habitante de calle, los ayudaba”, lo que añade una nueva dimensión al caso y exige una investigación más profunda sobre la identidad y las circunstancias de las víctimas. El alcalde Carlos Fernando Galán anunció una investigación para esclarecer cómo el artefacto de uso exclusivo de las Fuerzas Militares llegó a manos de estas personas y las razones de su manipulación.
En resumenDos hombres murieron tras la detonación de una granada en Kennedy, un hecho que las autoridades atribuyen a una manipulación imprudente. La controversia surge por la identidad de las víctimas, pues mientras la Policía los señaló como habitantes de calle, una familia lo niega, lo que exige a las autoridades esclarecer no solo el origen del explosivo sino también el perfil de los fallecidos.