La violenta muerte del estudiante de la Universidad de los Andes, Jaime Esteban Moreno, tras una fiesta de Halloween, ha generado una profunda conmoción en Bogotá y ha reavivado el debate sobre la intolerancia y la seguridad nocturna. El caso ha captado la atención nacional por sus similitudes con la muerte de Luis Andrés Colmenares hace quince años. El análisis de los hechos revela que Moreno, de 20 años, falleció a causa de un “trauma craneoencefálico severo” tras recibir una brutal golpiza en la madrugada del 31 de octubre. La agresión se habría originado por un altercado en la discoteca Before Club, propiedad de la congresista María del Mar Pizarro. Las investigaciones, apoyadas en videos de cámaras de seguridad, identificaron a dos agresores principales: Juan Carlos Suárez Ortiz, también estudiante de Los Andes, quien fue capturado, y Ricardo González, apodado por su disfraz de conejo, quien se encuentra prófugo.
En la escena también estuvieron presentes dos mujeres, Kleidymar Fernández Sulbarán y Bertha Parra Torres, quienes fueron detenidas y posteriormente liberadas, aunque siguen vinculadas a la investigación.
El abogado de la familia Moreno, Camilo Rincón, ha rechazado las versiones de la defensa del capturado que sugieren una “conducta inapropiada” por parte de la víctima, calificando el suceso como un “ataque a mansalva” y desproporcionado. La reacción pública ha sido de indignación generalizada, con pronunciamientos del alcalde Carlos Fernando Galán y figuras mediáticas como Néstor Morales, quien expresó: “Son unos bárbaros, ojalá se pudran en la cárcel”. La familia de la víctima, a través de su hermano y su tío, ha pedido celeridad en la justicia y ha destacado el carácter tranquilo de Jaime Esteban. La Universidad de los Andes lamentó el suceso y activó protocolos de acompañamiento psicológico para la comunidad estudiantil.
En resumenEl asesinato de Jaime Esteban Moreno, derivado de un acto de intolerancia, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los jóvenes en entornos nocturnos y la persistencia de la violencia urbana. Mientras un sospechoso enfrenta a la justicia y otro es buscado, la sociedad colombiana exige respuestas y compara el caso con tragedias pasadas, clamando por el fin de la impunidad.