La muerte de la pareja de motociclistas Viviana Suárez y Carlos Cadavía, arrollados por un conductor en presunto estado de embriaguez que se dio a la fuga en la Avenida Mutis de Bogotá, ha generado una profunda indignación nacional. La tragedia, que dejó huérfano a un niño de tres años, ha puesto de relieve la impunidad y el peligro de la conducción irresponsable en la capital. El siniestro ocurrió en la mañana del 31 de octubre, cuando un Volkswagen Jetta blanco que se desplazaba a alta velocidad perdió el control, saltó el separador e invadió el carril contrario, impactando a la pareja que se dirigía a sus trabajos. El conductor y su acompañante, en evidente estado de alicoramiento, intentaron huir del lugar, pero fueron confrontados por testigos, aunque el responsable finalmente logró escapar.
La madre de Viviana, Luz Dary Isaza, clamó por justicia en medio de su dolor: “Lo único que pedimos por los medios es que nos ayuden a ubicar a ese tipo, porque tiene que haber justicia… que pague con cárcel o con lo que sea, porque yo sé que ella no merecía haberse ido así”. Su versión fue corroborada por el hermano de la víctima, quien afirmó haber visto botellas de licor dentro del vehículo volcado. La investigación ha revelado indicios preocupantes; el secretario de Seguridad, César Restrepo, informó que el vehículo habría participado en "rodadas" y piques ilegales la noche anterior, lo que sugiere un patrón de conducción temeraria.
Las autoridades identificaron al propietario del vehículo como Víctor Manuel Medina Fúnez, aunque se sospecha que el conductor era Edwin Delgado.
En resumenLas muertes de Viviana Suárez y Carlos Cadavía trascienden un simple accidente de tránsito, convirtiéndose en un símbolo de las letales consecuencias de conducir bajo los efectos del alcohol. El dolor de la familia y la fuga del conductor han movilizado a la opinión pública, que exige acciones rápidas y controles más estrictos para prevenir tragedias similares.