Su partida ha generado un profundo pesar en la comunidad médica y en los pacientes que lo recuerdan por su rigor profesional y su calidez humana.
El doctor Rincón fue fundamental en la consolidación del servicio de neurología en el Hospital Universitario San Rafael de Tunja. Antes de su llegada, la región dependía de especialistas que viajaban esporádicamente desde Bogotá. Junto a otros colegas, como el doctor Martín Ayala García, fundó el departamento de neurología del hospital, estableciendo una atención permanente y de alta calidad. Graduado del Hospital Militar, donde también fue oficial, el doctor Rincón decidió regresar a su natal Boyacá para servir a su comunidad.
Además de su trabajo en Tunja, viajaba semanalmente a las provincias de Tundama y Sugamuxi para atender a pacientes en zonas desfavorecidas.
Sus colegas lo recuerdan como un "profesional excepcional" y un "ser humano íntegro" que trataba a cada paciente con la misma dedicación que a un familiar.
Su legado, según sus allegados, no solo radica en sus aportes científicos, sino en haber enseñado a generaciones de médicos a ejercer la profesión con sensibilidad y compromiso. Sus exequias se realizaron el sábado 25 de octubre en la Basílica Metropolitana Santiago de Tunja, con una masiva asistencia que reflejó el cariño y el respeto que sembró a lo largo de su carrera.











