Un brutal homicidio conmocionó al barrio Belalcázar de Medellín, donde Javier Enrique Parra Arango, conocido como "Marino", fue asesinado a tiros en la puerta de su casa. El crimen destaca por su crueldad y por un detalle macabro: los sicarios llegaron a la residencia con una canasta de dulces y peluches para engañar a la víctima. El asesinato ocurrió en la noche del viernes 19 de septiembre en la comuna de Castilla. Según el relato de testigos, los agresores, que se movilizaban en una motocicleta, se presentaron en la vivienda de Parra Arango, de 33 años, simulando la entrega de un regalo. Cuando la víctima salió a la puerta, el parrillero le disparó en repetidas ocasiones, causándole la muerte de forma instantánea. Recibió cinco impactos de bala, tres en la cabeza y dos en la cara. La víctima, que se encontraba en toalla y chanclas, cayó sin vida en la entrada de su residencia, donde vivía con su esposa y su hijo de 12 años.
Las autoridades iniciaron las investigaciones para determinar los móviles del crimen.
Versiones extraoficiales indican que Parra Arango se desempeñaba como minero en Buriticá, Antioquia, y se encontraba en Medellín disfrutando de un periodo de descanso. Se presume que tenía una mina de oro en sociedad con otra persona en el occidente antioqueño, y se investigan sus posibles nexos con la delincuencia organizada, lo que podría estar relacionado con el ajuste de cuentas.
En resumenEl asesinato de Javier Enrique Parra Arango en Medellín ha impactado a la comunidad por su método cruel y engañoso. La investigación se centra en su actividad como minero en Buriticá y posibles vínculos con el crimen organizado, sugiriendo un ajuste de cuentas como móvil del homicidio.