Estas medidas buscan, según el Ejecutivo, recaudar recursos y desincentivar consumos considerados no esenciales o con impactos negativos en la salud pública.
Una de las modificaciones más destacadas es el aumento del IVA para bebidas como aguardiente, ron, whisky y brandy, que pasará del 5 % al 19 %.
El ministro de Hacienda, Germán Ávila, aclaró que la cerveza fue explícitamente excluida de este incremento “por su alto consumo social”. Asimismo, se establece una tarifa permanente del 19 % de IVA para los juegos de suerte y azar en línea, calculada sobre el ingreso neto después de descontar los premios.
El Gobierno argumenta que este es un mercado en expansión con una carga tributaria relativamente baja.
Adicionalmente, el impuesto al consumo para productos de lujo, como vehículos de alta gama y yates, se incrementará del 16 % al 19 %. También se aumentará el impoconsumo para el tabaco.
Estas decisiones han generado inquietud en los sectores afectados.
Productores y distribuidores de licores, así como Asobares, advierten que un mayor gravamen podría incentivar el contrabando y la informalidad. Asobares calificó la medida como “desconectada de la realidad”, afirmando que golpeará el consumo y podría fortalecer el mercado de licores adulterados. A pesar de las críticas, el Gobierno defiende que los ajustes están diseñados para concentrar el esfuerzo fiscal en sectores con mayor capacidad de pago y en consumos específicos, sin afectar a los hogares más vulnerables.










