Este tributo, que grava con 4 pesos cada 1.000 pesos en operaciones como retiros, transferencias o pagos, pasaría a cobrar 5 pesos por cada 1.000.

El objetivo de esta medida es generar un recaudo rápido y masivo que contribuya a cerrar la brecha fiscal. Analistas advierten que, si bien es efectivo para la recaudación por su amplia base, este tipo de impuesto afecta la formalización económica, ya que puede incentivar el uso de efectivo para evitar el gravamen. Además, representa un costo adicional para todas las transacciones financieras, impactando la liquidez, el consumo y la operatividad de las empresas en un contexto económico ya marcado por el bajo crecimiento y la incertidumbre. La medida es una de las más polémicas del paquete tributario, pues, a diferencia de otros impuestos más focalizados, el GMF afecta a una vasta porción de la población bancarizada y al sector productivo en general, encareciendo las operaciones financieras cotidianas.