Esta operación se considera una doble enajenación, obligando a reconocer una ganancia o pérdida fiscal comparando el valor de mercado del activo entregado con su costo fiscal, incluso si no se recibe dinero fiat.

Pagar a proveedores con USDT también es una enajenación parcial, lo que exige calcular la utilidad en cada transacción. La experta advierte que una mala clasificación o un control inadecuado del costo fiscal puede derivar en "utilidades ficticias, doble tributación o sanciones por inexactitud", ya que los software contables tradicionales no están preparados para este tipo de seguimiento.