Además, se planteó disminuir el impuesto específico por grado alcohólico de 1.000 a 600 pesos. En el sector de hidrocarburos, el Gobierno también cedió al suprimir un nuevo impuesto a la renta para los combustibles. Estas modificaciones buscaban calmar la resistencia generada por estos tributos desde el inicio del debate en septiembre.

Ávila defendió la necesidad de gravar sectores con altas utilidades y baja tributación efectiva, como el financiero, cuya tasa se ubica en un 17% frente al 26-28% de otros sectores. Sin embargo, a pesar de la flexibilidad y de eliminar los puntos que, según las conversaciones con los congresistas, no generaban recaudo en 2026, las ofertas no fueron suficientes para cambiar la balanza en el Senado. La estrategia de ceder en puntos sensibles no logró desarticular la coalición opositora, que finalmente votó en bloque para archivar la totalidad del proyecto.