Estas modificaciones han reducido la meta de recaudo inicial, que pasó de $26 billones a $16,3 billones, e incluso a una cifra cercana a los $10 billones según algunas versiones. Entre los cambios más significativos se encuentra la eliminación de los impuestos propuestos para las iglesias y los combustibles como la gasolina, el diésel y el ACPM. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, confirmó que estos artículos sensibles fueron retirados del texto para facilitar el consenso. Asimismo, se suprimió el impuesto al consumo para boletas de conciertos y eventos deportivos cuyo valor superara las 10 UVT ($497.990), una medida que, según los ponentes, era necesaria para no afectar la industria del turismo y el entretenimiento. También se moderó el alcance de otros gravámenes; por ejemplo, el impuesto a las compras virtuales de bajo valor ahora solo aplicaría para transacciones superiores a 50 o 100 dólares, dependiendo de la versión del texto. Además, se redujo la tarifa propuesta para la cerveza, que no quedaría en el 30% general para bebidas alcohólicas, sino en un 15%. A pesar de estas concesiones, se mantienen puntos clave como la sobretasa al sector financiero, el impuesto al carbono y un mayor enfoque en el IVA a las apuestas por internet, que se espera genere $1.6 billones.