También se suprimió el impuesto a las actividades comerciales de las iglesias y el impuesto nacional al consumo para eventos culturales y deportivos. Adicionalmente, se moderó el alcance de otros gravámenes: el impuesto a las compras virtuales de bajo valor ahora solo aplicará para transacciones superiores a 50 o 100 dólares, según distintas versiones de las ponencias, y el aumento al impuesto sobre la cerveza se redujo, pasando la proyección de recaudo por tabaco y cerveza de $7,8 billones a $3,1 billones. A pesar de estas concesiones, el núcleo de la reforma se mantiene, incluyendo la progresividad en el impuesto de renta, con tarifas que van del 19% al 41%, una sobretasa al sector financiero y minero-energético, y nuevos impuestos ambientales. El ministro de Hacienda, Germán Ávila, ha defendido la necesidad de la reforma para cubrir un "presupuesto que es altamente inflexible" y promover la transición energética. Sin embargo, estos ajustes no han sido suficientes para convencer a la mayoría en el Congreso, donde las ponencias de archivo siguen ganando terreno.