La nueva versión descarta impuestos controvertidos como el IVA a los combustibles y modifica la carga sobre la cerveza, en un intento por viabilizar su trámite en el Congreso. La decisión de ajustar la reforma tributaria, presentada por el ministro de Hacienda, Germán Ávila, responde tanto a la aprobación de un Presupuesto General de la Nación menor al esperado como a la necesidad de construir consensos políticos. La eliminación del IVA a los combustibles representa una renuncia a $2,6 billones que se esperaban recaudar a partir de 2026, una de las medidas más sensibles por su impacto directo en el costo de vida de los colombianos. De manera similar, se retiró la propuesta de unificar el impuesto a las bebidas alcohólicas, lo que habría afectado el precio de la cerveza, un producto de consumo masivo. El Gobierno ha enmarcado estos cambios como un “espacio de reflexión muy importante”, priorizando ahora gravámenes sobre actividades que afectan la salud pública y el medio ambiente, mientras se otorgan incentivos a la transición energética. Sin embargo, este ajuste sustancial implica una reconfiguración completa de las fuentes de ingreso, reduciendo las expectativas de recaudo en casi todos los frentes, desde impuestos a la renta y al patrimonio, que pasarán de $4,5 billones a $3,7 billones en 2026, hasta los alivios fiscales gestionados por la DIAN, que se reducen de $6,3 billones a $3,7 billones. Este pragmatismo fiscal busca asegurar los recursos mínimos para financiar el presupuesto de 2026, aunque sacrifica una parte importante de la ambición recaudatoria inicial del Ejecutivo.