La Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (DIAN) enfrenta un periodo de notable inestabilidad en su cúpula directiva con el nombramiento de Carlos Emilio Betancourt como nuevo director encargado. Betancourt, quien se desempeñaba como viceministro general de Hacienda, se convierte en el cuarto funcionario en liderar la entidad durante el gobierno del presidente Gustavo Petro, sucediendo a Luis Carlos Reyes, Jaime Orlando Villabona y Luis Eduardo Llinás. Este constante relevo en la dirección de una de las entidades más estratégicas del país refleja una crisis mayor, marcada por la presión política y el incumplimiento de las metas de recaudo. Luis Eduardo Llinás, quien estuvo en el cargo de manera temporal durante diez meses, presentó su renuncia en un contexto de resultados fiscales por debajo de lo proyectado. Entre enero y septiembre de 2025, el recaudo tributario se ubicó $4,9 billones por debajo de la meta fijada en el Marco Fiscal de Mediano Plazo.
Un análisis crítico señala que la rotación de directores es una “salida cómoda del Ejecutivo para eludir responsabilidades”, mientras persisten problemas estructurales como “burocracia extrema y recaudación mínima”. La situación se agrava por un diseño de política fiscal que privilegia objetivos definidos sin rigor técnico, lo que genera un desfase entre las proyecciones y la realidad económica.
En 2024, por ejemplo, el desfase fue de $45 billones. Betancourt asume el cargo en un momento complejo, con la tarea de implementar nuevas estrategias para fortalecer el recaudo y mejorar la eficiencia fiscal, en medio de los crecientes desafíos económicos que enfrenta Colombia.
En resumenLa alta rotación en la dirección de la DIAN evidencia problemas estructurales y una fuerte presión por resultados fiscales que no se están cumpliendo. El nombramiento de Carlos Betancourt como cuarto director en tres años subraya la urgencia de establecer metas de recaudo realistas y garantizar la estabilidad técnica de la entidad para recuperar la confianza y la capacidad operativa.