Un informe internacional reciente ubicó al país en el tercer puesto más bajo del ranking global de competitividad fiscal, lo que evidencia problemas estructurales que los distintos gobiernos no han logrado resolver. El Índice de Competitividad Fiscal Internacional posicionó a Estonia, Letonia y Nueva Zelanda como los países con las mejores condiciones impositivas, destacando sus sistemas por ser neutrales y eficientes, promoviendo el crecimiento económico y la inversión. En contraste, el sistema colombiano es percibido como complejo y poco competitivo, lo que puede desincentivar la inversión y la formalización empresarial.

Esta baja calificación se suma a las preocupaciones sobre el déficit fiscal del país. Se estima que el descuadre fiscal para este año podría alcanzar el 7,5 % del PIB, y de no realizarse ajustes significativos en el gasto público, podría llegar al 8 % en 2026.

Este escenario implicaría un mayor endeudamiento, una reducción en la inversión y un menor recaudo tributario a largo plazo, creando un círculo vicioso que afecta la estabilidad económica. La discusión sobre la competitividad del sistema tributario cobra especial relevancia en el contexto de los debates sobre nuevas reformas y leyes de financiamiento, ya que evidencia la necesidad de una reforma estructural que vaya más allá del simple aumento de tasas y se enfoque en la simplicidad, la eficiencia y la equidad para mejorar el clima de negocios en el país.