La facturación electrónica se ha consolidado como una herramienta central en la estrategia fiscal de Colombia, cumpliendo un doble propósito: fortalecer el control de la DIAN y empoderar a los contribuyentes. Su implementación masiva ha transformado la relación entre la administración tributaria, las empresas y los ciudadanos, convirtiéndose en un eje de la digitalización y formalización de la economía. Por un lado, este sistema es la base del nuevo modelo de fiscalización en tiempo real de la DIAN, que permite la validación inmediata de transacciones y la aplicación de sanciones automáticas por inconsistencias. Para el Gobierno, la factura electrónica es el principal “motor de formalización” para combatir la economía informal, aunque su éxito, según expertos como Alejandro Silva de Sovos Saphety, depende de cerrar la brecha tecnológica y ofrecer capacitación a las pymes.
Por otro lado, para los ciudadanos, se ha convertido en un derecho y una herramienta financiera.
Como explica Luis Villegas de Cadena, pedir la factura electrónica es crucial, ya que es “el soporte principal de las deducciones y descuentos tributarios” en la declaración de renta. No solicitarla puede “afectar el bolsillo de los contribuyentes”.
La importancia de este mecanismo es tal que se han creado iniciativas como los Núcleos de Apoyo Contable y Fiscal (NAF), en alianza con universidades, para ofrecer asesorías gratuitas a la comunidad sobre su correcta implementación y uso.
En resumenMás que una simple obligación, la factura electrónica es hoy un componente estratégico del ecosistema fiscal colombiano. Facilita una fiscalización más eficiente por parte del Estado, mientras que para los ciudadanos y empresas representa una herramienta indispensable para el cumplimiento de sus obligaciones y el acceso a beneficios tributarios.