El acto simbólico no solo representa un avance en materia de bienestar animal, sino que también posiciona a Cartagena como un destino turístico más moderno y consciente. La iniciativa ha sido catalogada como un hito para el país, al reemplazar una tradición cuestionada por una alternativa tecnológica, silenciosa y libre de crueldad, redefiniendo la experiencia de recorrer el Centro Histórico y sentando un precedente para otras ciudades con prácticas similares.