La ciudad de Cartagena ha puesto fin a una era al prohibir definitivamente la circulación de los tradicionales coches de tracción animal en su Centro Histórico, reemplazándolos por un sistema de carrozas eléctricas. La medida, impulsada por el alcalde Dumek Turbay Paz como un avance hacia la sostenibilidad y el fin del maltrato animal, ha generado una fuerte controversia con un sector del gremio de cocheros, que denuncia falta de concertación y teme por su patrimonio. El proyecto, que fue impulsado inicialmente por figuras como el comediante Alejandro Riaño, entró en operación con una flota inicial de 24 vehículos eléctricos, de un total de 62 proyectados. La acogida del público fue inmediata: en solo tres horas, más de 500 personas disfrutaron de los recorridos gratuitos.
Sin embargo, la transición no ha sido pacífica.
La Asociación Cartagenera de Cocheros (Asocarcoch) anunció una marcha y una huelga de hambre indefinida, argumentando que la Alcaldía pretende que entreguen sus coches, que son su patrimonio, para administrar vehículos que no serán de su propiedad. Yesid Soto, presidente de la asociación, expresó su temor: “Mañana la Alcaldía va a buscar un operador para que administre esos coches, y se nos da la patadita más adelante porque no somos propietarios de los coches”. Mientras tanto, el alcalde ha denunciado presuntas amenazas contra funcionarios involucrados en el proyecto y ha reafirmado que no permitirá la operación de carruajes 'piratas', consolidando una transformación que divide opiniones entre la modernización y la preservación de una tradición.
En resumenCartagena ha sustituido oficialmente sus icónicos coches de caballos por vehículos eléctricos, una decisión celebrada como un avance en bienestar animal pero rechazada por un grupo de cocheros que temen perder su patrimonio y autonomía. A pesar del interés inicial del público, la transición está marcada por protestas y amenazas de huelgas de hambre, evidenciando las tensiones sociales y económicas de poner fin a una tradición de décadas.