Cartagena ha puesto fin a una de sus tradiciones turísticas más emblemáticas y controvertidas al prohibir oficialmente la circulación de carrozas de tracción animal en su Centro Histórico. La medida, que entró en vigor el 29 de diciembre, da paso a una flota de coches eléctricos, marcando un hito en materia de bienestar animal y modernización, aunque no sin generar una fuerte oposición de un sector de los cocheros. La decisión, formalizada por el alcalde Dumek Turbay, responde a años de denuncias de organizaciones animalistas sobre el maltrato y agotamiento de los caballos. El proyecto, que contó con el impulso de figuras como el comediante Alejandro Riaño, contempla la operación de un máximo de 62 carrozas eléctricas reguladas por el Distrito para reemplazar los vehículos de tracción animal. Sin embargo, la transición ha dividido al gremio de cocheros. Mientras un grupo ha colaborado con la administración para operar los nuevos vehículos, otro, aglutinado en la Asociación Cartagenera de Cocheros (Asocarcoch), ha manifestado un profundo descontento. Su presidente, Yesid Soto, argumenta que la medida los despoja de su patrimonio.
“Hoy nuestros coches son de nosotros. Entonces, nosotros no vamos a entregar nuestro patrimonio para quedar administrando unos coches que son de la Alcaldía”, expresó, temiendo que a futuro se contrate a un operador externo que los desplace. Como medida de protesta, este grupo anunció una marcha y una huelga de hambre indefinida a partir del día en que los coches eléctricos comenzaron a operar, alegando además que el alcalde ha proferido amenazas contra funcionarios que se oponen al proyecto.
La Alcaldía, por su parte, sostiene que la iniciativa dignifica el oficio y ofrece mejores condiciones laborales, mientras avanza con un plan piloto que incluye recorridos gratuitos para locales y turistas.
En resumenLa sustitución de los coches de caballos por vehículos eléctricos en Cartagena marca un cambio histórico en su oferta turística, priorizando el bienestar animal. No obstante, la medida ha generado un conflicto social con un grupo de cocheros que se sienten despojados de su sustento y han iniciado protestas, evidenciando las tensiones entre la modernización y la preservación de oficios tradicionales.