Mientras muchos residentes buscaban refugio, doña Yaneth, desde su puesto de empanadas y arepas, se plantó frente a los manifestantes violentos.

Sin armas y con su delantal puesto, les exigió respeto por el barrio y por el derecho al trabajo de las personas del sector. Su imagen, enfrentando sin miedo a quienes ocultaban su rostro, se viralizó rápidamente en redes sociales, no por la violencia, sino por la fuerza moral que demostró. Los artículos la describen como una representante de la “Colombia invisible” que, con su trabajo diario, ha logrado educar a sus hijos. La decisión del Concejo de Bogotá de otorgarle este título es vista no solo como un acto protocolario, sino como un mensaje político y social que enaltece el coraje cívico y la defensa de la comunidad frente al caos y la violencia.