El hecho que la catapultó a la fama ocurrió cuando manifestantes violentos irrumpieron en su sector, amenazando con destruir el mobiliario público y los locales comerciales. Mientras muchos buscaban refugio, doña Yaneth, con su delantal puesto, se plantó frente a ellos y, sin más armas que su palabra, les exigió respeto por el barrio y el derecho al trabajo. Su imagen, enfrentando a hombres que ocultaban su rostro, se viralizó por la fuerza moral de una mujer que se negó a permitir que el caos destruyera lo que su comunidad ha construido.

La historia de doña Yaneth, sin embargo, no comenzó ese día. Ella representa a una parte de la población que se levanta a las tres de la mañana para trabajar en la economía informal. Con las ganancias de su puesto de empanadas y arepas, ha logrado educar a sus hijos, una hazaña para un trabajador independiente en Colombia. Para el Concejo de Bogotá, entregarle este título no fue solo un acto protocolario, sino un mensaje político y social que reconoce a la Colombia invisible y trabajadora. El galardón es visto como un símbolo de la fuerza de los ciudadanos comunes que, con actos de valentía, defienden la convivencia y el trabajo honesto frente a la violencia.