La búsqueda internacional de Zulma Guzmán Castro, empresaria colombiana y principal sospechosa en el caso del envenenamiento de dos menores con talio, culminó de manera cinematográfica en Londres. Su captura fue precedida por un rescate de las aguas del río Támesis en un aparente intento de suicidio, un giro inesperado en una investigación marcada por detalles insólitos. El caso, que conmocionó a Colombia en abril de 2025, involucra la muerte de dos menores tras consumir frambuesas cubiertas de chocolate que, según la Fiscalía, estaban contaminadas intencionalmente con talio. La investigación apunta a un presunto acto de venganza pasional, derivado de una relación extramatrimonial que Guzmán mantuvo con el padre de una de las víctimas. Tras el crimen, Guzmán emprendió una fuga internacional que la llevó por Argentina, Brasil y España, antes de llegar al Reino Unido. Su localización se vio facilitada por pistas peculiares analizadas por los investigadores; una de las más determinantes fue un video que ella misma difundió para defender su inocencia, en el que aparecía bebiendo de una botella de agua marca Buxton, un producto comercializado principalmente en el Reino Unido.
Este detalle, junto con registros migratorios, permitió a las autoridades centrar la búsqueda en ese país.
La persecución terminó cuando la policía marítima de Londres la rescató del río Támesis, cerca del puente de Battersea, el 16 de diciembre.
Tras su rescate, fue hospitalizada y puesta bajo custodia.
Su situación judicial es compleja, ya que según la legislación británica, podría estar amparada por la ley de salud mental, lo que podría demorar su proceso de extradición a Colombia “entre ocho meses y un año”. La trama se oscurece aún más al revelarse que la esposa de Juan de Bedout y madre de una de las niñas también falleció en 2021 con altos niveles de talio en su organismo.
En resumenLa captura de Zulma Guzmán en Londres cierra un capítulo de una intensa búsqueda internacional, pero abre uno nuevo lleno de complejidades legales. Su rescate del río Támesis y las singulares pistas que llevaron a su ubicación, como una botella de agua, añaden un carácter extraordinario a un caso ya de por sí trágico y complejo.