El problema se centra en un donante anónimo cuya mutación genética no fue detectada durante los procesos de selección y que, según los informes, estuvo activo durante un período de 17 años. Esta condición genética confiere un riesgo extremadamente alto de desarrollar cáncer; se estima que el 90% de las personas portadoras de esta mutación padecerán uno o más tipos de cáncer antes de cumplir los 60 años. Como resultado de su prolongada actividad como donante, se calcula que ha concebido aproximadamente 197 niños en varios países europeos, cuyas familias ahora están siendo alertadas sobre el grave riesgo hereditario. La situación es particularmente trágica, ya que se ha confirmado que algunos de los niños concebidos a través de este donante ya han fallecido a causa de la enfermedad. Este hecho ha puesto en el centro del debate los protocolos de selección y los exámenes genéticos a los que se someten los donantes en las clínicas de fertilidad. El caso expone una posible falla sistémica en la supervisión y regulación de la donación de gametos, lo que ha permitido que una condición genética tan peligrosa se propague a una escala tan amplia y durante tanto tiempo.
Las autoridades sanitarias de los países implicados se enfrentan ahora al desafío de rastrear a todas las familias para informarles del riesgo y ofrecerles asesoramiento genético y seguimiento médico.












