La Corte Constitucional de Colombia emitió un fallo que ordena a un conjunto residencial transformar su capilla en un espacio multirreligioso, retirando los símbolos católicos permanentes para garantizar la libertad de culto de todos los residentes. La decisión sienta un precedente sobre la gestión de espacios comunes en propiedades horizontales y el equilibrio entre las tradiciones mayoritarias y los derechos de las minorías. El caso surgió a raíz de una acción de tutela interpuesta por propietarios que argumentaron que el espacio, concebido originalmente como un lugar de culto neutral, terminó siendo asociado exclusivamente al catolicismo, lo que vulneraba sus derechos a la igualdad y la libertad religiosa. En su sentencia, la Corte reconoció la afectación y estableció un procedimiento para resolver el conflicto. Primero, ordenó a la administración de la copropiedad abrir un espacio de diálogo en un plazo de tres meses para que los residentes definan el uso del lugar. Si no se llega a un consenso que incluya a los propietarios no católicos, se deberá aplicar la segunda medida de manera obligatoria: transformar la capilla en un espacio laico y multiconfesional.
Esto implica retirar todos los elementos permanentes de cualquier culto, como imágenes, símbolos anclados, vitrales o adornos fijos en el altar.
No obstante, el fallo aclara que el lugar podrá seguir siendo utilizado para misas y otras ceremonias católicas, así como para ritos de otras religiones.
Para ello, los grupos podrán almacenar sus objetos de culto en un depósito y usarlos únicamente durante sus celebraciones.
El tribunal también ordenó al comité de convivencia diseñar un protocolo para prevenir y gestionar futuros conflictos relacionados con la libertad religiosa.
En resumenEn un fallo histórico, la Corte Constitucional ordenó a un conjunto residencial retirar los símbolos católicos fijos de su capilla común para convertirla en un espacio multireligioso, garantizando así la libertad de culto. La decisión, que prioriza el diálogo entre residentes, establece que si no hay acuerdo, el espacio deberá ser neutral, aunque podrá ser usado por diferentes credos para sus ceremonias.