Esto implica retirar todos los elementos permanentes de cualquier culto, como imágenes, símbolos anclados, vitrales o adornos fijos en el altar.

No obstante, el fallo aclara que el lugar podrá seguir siendo utilizado para misas y otras ceremonias católicas, así como para ritos de otras religiones.

Para ello, los grupos podrán almacenar sus objetos de culto en un depósito y usarlos únicamente durante sus celebraciones.

El tribunal también ordenó al comité de convivencia diseñar un protocolo para prevenir y gestionar futuros conflictos relacionados con la libertad religiosa.