Este producto, promocionado sin ningún respaldo médico como una "alternativa sanadora", era distribuido en Medellín, Bogotá y Cali.

La red también comercializaba el veneno en otros países de América y Europa a través de una red de contactos. Las autoridades alertaron sobre el grave riesgo para la salud pública que representaba esta práctica, ya que se investiga la muerte de varias personas que habrían fallecido tras usar la sustancia en rituales clandestinos.

Los capturados enfrentan cargos por aprovechamiento ilícito de recursos naturales, enriquecimiento ilícito y concierto para delinquir.

La operación incluyó allanamientos simultáneos y la incautación de teléfonos móviles utilizados para coordinar los envíos, lo que permitió desarticular una cadena de valor que unía el maltrato animal con un peligroso negocio transnacional.