La violencia callejera irrumpió en un espacio sagrado en la localidad de Kennedy, cuando un grupo de jóvenes armados con cuchillos ingresó a una parroquia en plena misa para atacar a otro menor. El sacerdote que oficiaba la eucaristía se convirtió en un escudo humano para proteger a la víctima, en una escena que evidencia la escalada de la intolerancia juvenil. La noche del 10 de noviembre, la tranquilidad de la eucaristía en la parroquia Santo Tomás Moro, en el barrio Timiza, fue interrumpida por un violento altercado.
Un grupo de aproximadamente diez jóvenes, armados con cuchillos, ingresó al templo persiguiendo a otro joven, quien también portaba un arma blanca.
En un acto de desesperación, la víctima buscó refugio detrás del sacerdote que oficiaba la misa en el altar. El párroco, en una acción crucial, se interpuso entre los agresores y el joven, actuando como un escudo humano para evitar una tragedia.
La escena fue grabada por los feligreses presentes. La información preliminar indica que el conflicto se originó por el robo de una gorra, lo que ha generado indignación por la desproporción de la violencia. La Policía Metropolitana llegó al lugar, controló la situación y detuvo a seis de los implicados dentro del mismo recinto religioso, uno de ellos mayor de edad. El incidente ha despertado una fuerte preocupación sobre la violencia juvenil y el irrespeto a los espacios de culto.
En resumenLa extraña y violenta intrusión de jóvenes armados en una iglesia durante la misa en Bogotá es un crudo símbolo de la descomposición social. Este evento, donde un sacerdote tuvo que actuar como escudo humano, demuestra cómo los conflictos juveniles, presuntamente por un motivo trivial como una gorra, están escalando a niveles peligrosos e invadiendo hasta los espacios públicos más inesperados.