Los Saladunos recuperaron su cementerio tras 14 años de abandono
Los Saladunos recuperaron su cementerio tras 14 años de abandono jferreira Lun, 12/01/2026 - 06:50 Fecha nodo Lun, 12/01/2026 - 06:50 Image /sites/default/files/imagenes/2026/01/IMAGEN%20A%20%20-%20Recuperaci%C3%B3n%20del%20Cementerio%20de%20El%20Salado.%20%281%29%20%281%29.jpg Body Durante más de diez años, el cementerio del barrio El Salado permaneció en estado de abandono. El último entierro del que se tiene registro fue el del señor Nepo y ocurrió en agosto de 2011. Desde entonces, el lugar se había convertido en un lugar para el consumo de sustancias y profanación de tumbas.La transformación comenzó el pasado 17 de mayo, cuando un grupo de habitantes decidió organizarse para recuperar el campo santo. La iniciativa nació directamente desde la comunidad, motivada por la necesidad de dignificar un espacio que guarda la memoria de varias generaciones del barrio.“La problemática surgió por parte de la iniciativa de la comunidad, de varios ciudadanos y varias ciudadanas, de la mitigación del tema del consumo y del abandono del campo santo”, explicó José Rodrigo Bocanegra, líder del proyecto, quien es oriundo de El Salado.Según explicó, la situación del cementerio reflejaba una problemática más profunda: “La comunidad pudo dimensionar la problemática que teníamos de consumo, en el tema de brujerías, en los temas de exorcismos, todos los temas malos que estábamos viviendo hace muchos tiempos, pero nunca habíamos tomado una determinación”, señaló.Un proyecto impulsado por y para la comunidadLa primera fase del proyecto fue una jornada de limpieza general, en la que participaron y aportaron habitantes del barrio de manera voluntaria. Posteriormente, a finales de mayo, la comunidad tomó una decisión clave:.“Por iniciativa de la comunidad se tomó la decisión de encerrar, hacer un muro inicialmente”, explicó Bocanegra. El cerramiento consistió en un muro de aproximadamente 66 metros de largo y tres metros de altura, equivalente a cerca de 202 metros cuadrados, construido con alrededor de 8.500 ladrillos. Protección de tumbas y recuperación de la capillaUna vez asegurado el perímetro, el proyecto avanzó el embellecimiento y la protección del interior. Se realizó el pañete del muro, se protegieron más de 80 tumbas que estaban siendo profanadas y se retomó la recuperación de la capilla.“Se tomó la decisión ya de pañetar y retomar el tema de la capilla, todo el piso y todo el tema de pintura”, explicó José. Retomar tradiciones y fortalecer lo espiritualUno de los objetivos centrales de la comunidad es recuperar una tradición de más de 80 años: la celebración de misas los lunes a las cinco de la tarde. “Ya lograr iniciar las misas, que es lo que pide la comunidad. Que todos los lunes a las 5 de la tarde, como es tradición, hace más de 80 años, se empiece”, afirmó Bocanegra.El proyecto también tiene un componente espiritual y simbólico que va más allá de la infraestructura. “No hay familia del Salado que no tenga a alguien querido ahí..Lo que más le enorgullece a uno es que personas de 60, 50 o 30 años vengan a limpiar su tumba, a decir: aquí está mi abuelita, mi papá, mi tía, mi hermanito”, agregó. Como parte del proceso de recuperación del cementerio, la comunidad también impulsó la creación de un mural en uno de los muros del campo santo, concebido como un acto simbólico de memoria y resignificación del espacio. La obra, elaborada con apoyo de artistas locales y vecinos del barrio, busca rendir homenaje a quienes reposan allí y enviar un mensaje de respeto por la vida y la historia del sector.“El mural representa lo que somos como comunidad, nuestra memoria, nuestras raíces y el respeto por quienes ya no están”, explicó José Rodrigo Bocanegra, al señalar que la pintura se convirtió en una forma de sanar colectivamente un lugar que por años estuvo asociado al miedo y al abandono.Además de embellecer el entorno, el mural cumple una función pedagógica y preventiva, al transformar visualmente el cementerio en un espacio digno, cuidado y vigilado por la misma comunidad. Para los habitantes de El Salado, esta expresión artística refuerza el sentido de pertenencia y deja claro que el campo santo ya no es un lugar olvidado, sino un territorio recuperado para la memoria y la convivencia.Un enfoque ambiental y socialLa recuperación del cementerio también incluye un componente ambiental. La comunidad proyecta la siembra de aproximadamente 150 plantas en la periferia del terreno, con el fin de favorecer el nidaje de aves:“La idea es que ahí puedan hacer nidaje y estén tranquilos, porque ya el cementerio está cerrado”, explicó Bocanegra, quien destacó que en las tardes es común ver bandadas de aves regresar al sector.Además, se instalaron tres luminarias en la parte externa del cementerio. Actualmente, se adelantan trámites para la instalación de cámaras de seguridad y programas de apoyo social para continuar las labores de mantenimiento.José Bocanegra enfatizó que el proyecto no tuvo ningún interés económico: “Fue más por el hecho de querer ver mejor el cementerio de la comuna”, señaló. La participación comunitaria fue clave tanto en la toma de decisiones como en la ejecución del proyecto.“La unión de la comunidad fue lo que logró que el proyecto saliera adelante, porque no fue fácil recoger dinero”, afirmó. Más allá del cementerioAunque el proyecto ha tenido un impacto significativo, la comunidad de El Salado ya identifica otros retos. Bocanegra considera prioritario fortalecer la atención en salud, al advertir que el centro existente no responde a las necesidades del barrio.“Estamos expuestos a un incendio, a un choque, y el centro de salud que tenemos ya colapsó”, declaró , señalando la necesidad de una unidad intermedia de atención.También mencionó la importancia de fortalecer la educación y generar oportunidades para jóvenes y madres cabeza de familia, a través de la llegada de instituciones como el SENA o la Universidad del Tolima al sector.Un mensaje para otras comunidadesPara Bocanegra, la experiencia de El Salado deja una lección clara. “La unión hace la fuerza”, expresó. Según él, identificar las verdaderas necesidades del territorio permite canalizar esfuerzos y generar transformaciones reales.Finalmente, hizo un llamado a pensar en el largo plazo: “Yo siempre me enfoco a 50 años, pensemos en el futuro y en la otra persona”, concluyó.La recuperación del cementerio de El Salado no solo devolvió dignidad a un espacio histórico, sino que se convirtió en un ejemplo de cómo la unión comunitaria puede transformar escenarios marcados por el abandono, el miedo y la indiferencia. Creado por REDACCIÓN IBAGUÉ