Un grave escándalo de corrupción y fallas de seguridad ha sacudido la cárcel de máxima seguridad La Tramacúa, en Valledupar, después de que el recluso de alto perfil José Manuel Vera, alias ‘Satanás’, fuera descubierto bajo los efectos del alcohol y protagonizara actos de vandalismo. El incidente, que incluye denuncias de sobornos a guardias para permitir una visita conyugal prohibida en su celda, expone la vulnerabilidad del sistema penitenciario. Según informes de medios como El Pilón, alias ‘Satanás’, recluido en el pabellón 5, habría consumido bebidas alcohólicas durante dos días dentro de la prisión. Fuentes internas denunciaron que el recluso pagó a funcionarios del Inpec para que permitieran el ingreso de una mujer a su celda personal para una visita íntima, una práctica estrictamente prohibida por el reglamento.
Tras descubrirse la irregularidad, fue trasladado al patio 12 para un monitoreo más estricto.
En un aparente ataque de ira por la pérdida de sus privilegios, ‘Satanás’ destruyó una de las cámaras de vigilancia. La situación es insólita por la cadena de sucesos ocurridos en un penal de máxima seguridad: el ingreso de alcohol, el presunto soborno a guardias para una visita ilegal y la posterior destrucción de infraestructura de seguridad. Este episodio pone en evidencia la posible existencia de redes de corrupción dentro del Inpec, que permiten a reclusos peligrosos mantener privilegios y desafiar la autoridad, socavando la seguridad y el propósito de la reclusión de alta seguridad.
En resumenEl caso de alias ‘Satanás’ en La Tramacúa es un hecho insólito que revela graves fallas de seguridad y presunta corrupción. Que un recluso de alta peligrosidad consuma alcohol, soborne a guardias para visitas prohibidas y vandalice equipos en una cárcel de máxima seguridad, evidencia una crisis de control dentro del sistema penitenciario.