Sin embargo, los esfuerzos por articular una posición regional unificada han encontrado obstáculos debido a las profundas divisiones ideológicas. El gobierno de Colombia, en su calidad de presidente pro tempore de la CELAC, convocó una reunión de cancilleres para articular una posición regional. Simultáneamente, solicitó una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA y, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, impulsó una reunión en dicha instancia, que fue respaldada por Rusia y China. El objetivo era lograr una condena a la acción militar y promover una salida pacífica.

No obstante, la diplomacia regional mostró sus fracturas.

La reunión de la CELAC concluyó sin consenso, luego de que seis países (Argentina, Bolivia, Perú, Paraguay, Panamá y Costa Rica) bloquearan una declaración conjunta, lo que fue duramente criticado por el canciller venezolano, Yván Gil. La OEA, por su parte, anunció que sigue de cerca la situación y convocó a su Consejo Permanente para analizar los hechos. Estos intentos diplomáticos reflejan la dificultad de América Latina para actuar como un bloque cohesionado frente a la acción unilateral de una superpotencia en su propio hemisferio.