La captura de Nicolás Maduro ha generado ondas de choque en toda América Latina, escalando la tensión entre Estados Unidos y Colombia y acentuando el aislamiento de aliados del chavismo como Cuba y Nicaragua. Las amenazas directas de Donald Trump al presidente Gustavo Petro han encendido las alarmas diplomáticas en la región. Durante una rueda de prensa, Trump lanzó una dura advertencia al mandatario colombiano, vinculándolo con la producción de drogas y afirmando que "tiene que cuidarse el trasero". Esta declaración se suma a un contexto de fricciones crecientes, que incluyen la descertificación de Colombia en la lucha antidrogas por parte de Washington. El presidente Petro respondió de manera desafiante en la red social X, negando tener algo que ocultar.
Para los aliados de Venezuela, el impacto ha sido inmediato. Trump declaró que Cuba "parece que está a punto de caer", argumentando que la isla ha perdido su principal fuente de ingresos con el fin del suministro de petróleo venezolano. Esta vulnerabilidad se agrava con la confirmación de la muerte de 32 militares cubanos en Caracas. En Nicaragua, el régimen de Daniel Ortega ha reaccionado con un silencio interpretado como señal de alarma, reforzando la vigilancia interna ante el temor de que Washington pueda replicar una estrategia similar en Managua.
Analistas advierten que el "efecto dominó" podría desestabilizar a los gobiernos que dependían del apoyo económico y político del chavismo.
En resumenLa intervención estadounidense ha desestabilizado el tablero político regional, creando una confrontación directa con el gobierno de Colombia y dejando a aliados clave de Venezuela, como Cuba y Nicaragua, en una posición de extrema vulnerabilidad económica y política.