El presidente Trump ha sido explícito sobre el interés económico de su país. Anunció que el gobierno interino de Delcy Rodríguez entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad, equivalentes a unos 2.800 millones de dólares, y afirmó que los ingresos derivados de estas operaciones serán "controlados" directamente por él. Esta acción se enmarca en el objetivo de Washington de controlar las mayores reservas de crudo del planeta, estimadas en 303.000 millones de barriles. La intervención busca no solo asegurar el acceso para empresas estadounidenses como Chevron, ExxonMobil y ConocoPhillips, que fueron expropiadas en el pasado, sino también bloquear la influencia de rivales geopolíticos. China, que se había convertido en el principal importador de crudo venezolano tras las sanciones de EE. UU., calificó a Washington de "matón", ya que los barriles que antes se dirigían a Asia ahora serían desviados a refinerías estadounidenses.

La estatal PDVSA confirmó estar en negociaciones con EE.

UU., en un proceso que podría implicar el levantamiento de ciertas sanciones para reactivar una industria energética en grave deterioro.