Entre las víctimas civiles se encuentra Yohana Rodríguez Sierra, una mujer de 45 años originaria de Cartagena, Colombia, quien murió durante los bombardeos en El Hatillo, estado Miranda, mientras protegía a su hija de 22 años, quien resultó herida. El angustioso testimonio de su hija, "Nos están matando, mataron a mi mamá", resalta el impacto directo de los ataques sobre la población.

La preocupación por las consecuencias humanitarias es generalizada.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, anunció el despliegue de la fuerza pública y recursos asistenciales en la frontera ante una posible "entrada masiva de refugiados". Analistas y organismos de derechos humanos han advertido que cualquier escalada del conflicto podría derivar en nuevos flujos migratorios forzados, sumándose a los millones de venezolanos que ya han abandonado el país. La Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) y sus organizaciones miembro en América rechazaron los ataques, señalando que "afectan directamente a la población civil" y agravan las crisis humanitarias.