UU. "pisoteó" la soberanía venezolana.

Gobiernos de izquierda en América Latina, como los de Brasil, México y Colombia, lideraron el rechazo regional. El presidente brasileño Lula da Silva afirmó que la acción "cruza una línea inaceptable", mientras que la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum la calificó como una violación del artículo 2 de la Carta de la ONU.

Incluso aliados europeos de EE.

UU. como Francia y España expresaron su preocupación, calificando la intervención como un "precedente muy preocupante" que afecta negativamente la paz y la seguridad internacional. Esta respuesta global subraya el aislamiento de Washington en su acción unilateral y la preocupación generalizada por el debilitamiento del orden multilateral.