Este suceso sin precedentes ha reconfigurado drásticamente el panorama político de la región y ha generado una crisis internacional.
La madrugada del 3 de enero de 2026, fuerzas militares estadounidenses llevaron a cabo bombardeos sobre objetivos estratégicos en Caracas y otros estados como Miranda, Aragua y La Guaira, incluyendo bases militares como Fuerte Tiuna y La Carlota. El presidente Donald Trump confirmó la operación, calificándola como un "ataque a gran escala" ejecutado "con éxito" y sin bajas estadounidenses.
Según Trump, Maduro y Flores fueron detenidos y trasladados fuera de Venezuela para enfrentar cargos por narcotráfico y terrorismo en Nueva York. La justificación oficial de Washington se centró en la lucha contra el narcotráfico, acusando a Maduro de liderar el "Cartel de los Soles". No obstante, las declaraciones de Trump también revelaron un interés explícito en los recursos energéticos del país, afirmando que su administración se encargaría de la reconstrucción del sector petrolero. La acción militar ha sido ampliamente documentada como una violación del derecho internacional y la soberanía venezolana, evocando precedentes de intervencionismo estadounidense en América Latina, como la invasión de Panamá en 1989. La comunidad internacional, con pocas excepciones, ha condenado el ataque, mientras que en Venezuela la situación es de máxima incertidumbre, con el gobierno chavista denunciando un "secuestro" y exigiendo pruebas de vida de Maduro.












