Tras la captura de Nicolás Maduro, la vicepresidenta Delcy Rodríguez ha emergido como una figura central y ambigua en el nuevo escenario político de Venezuela. Mientras juró su cargo como líder interina y desafió a Washington, también fue mencionada por la administración Trump como una figura clave con la que se podría coordinar una transición supervisada. Rodríguez se encontraba en una visita oficial en Rusia cuando se produjo la operación militar. Desde el exterior, exigió una “prueba de vida” de Maduro y Cilia Flores y denunció la operación como una “agresión colonial”. En un acto posterior, juró como presidenta interina y en un discurso desafiante se refirió a Maduro como el “único presidente” de Venezuela.
Sin embargo, esta postura contrasta con las declaraciones del presidente Donald Trump, quien afirmó que Rodríguez había sostenido conversaciones con el secretario de Estado, Marco Rubio, y había expresado su disposición a participar en una transición tutelada por Estados Unidos.
Esta dualidad la coloca en una posición compleja.
Para algunos analistas, su posible participación podría significar una mutación del chavismo, un “Chavismo 2.0” que cambiaría de rostro pero mantendría las estructuras de poder. Su futuro rol, y el del chavismo en general, parece depender de la postura que adopten las Fuerzas Armadas y figuras del ala dura como Diosdado Cabello.
En resumenLa vicepresidenta Delcy Rodríguez se ha posicionado como la líder interina del chavismo, aunque su rol es incierto. Mientras desafía públicamente a EE. UU., informes estadounidenses sugieren que podría ser una pieza clave en una transición negociada, lo que abre interrogantes sobre una posible continuidad del chavismo sin Maduro.