La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro provocaron una profunda fractura en la comunidad internacional, reflejando las marcadas diferencias ideológicas a nivel global y regional. Las reacciones oscilaron entre la condena enérgica por violación de la soberanía y la celebración por la caída de lo que muchos consideran una dictadura. Por un lado, los aliados históricos de Venezuela como Rusia, Cuba, Irán y Corea del Norte condenaron la operación. Moscú la calificó de “injustificada”, mientras que La Habana habló de “terrorismo de Estado”. En América Latina, los gobiernos de izquierda lideraron el rechazo. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que la acción “cruza una línea inaceptable”, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, la calificó como una violación del artículo 2 de la Carta de la ONU. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, también condenó el ataque. En contraste, gobiernos de derecha en la región celebraron el suceso.
El presidente argentino, Javier Milei, aplaudió la noticia con su lema “viva la libertad, carajo”, mientras que el mandatario ecuatoriano, Daniel Noboa, declaró que “a todos los criminales narcochavistas les llega su hora”.
Gobiernos como los de Paraguay y Uruguay también se mostraron a favor. En Europa, la reacción fue más cautelosa; Francia, por ejemplo, denunció el uso de la fuerza al margen del derecho internacional, aunque reconoció que el régimen de Maduro había privado a los venezolanos de sus libertades.
En resumenLa captura de Maduro ha polarizado al mundo, con un bloque de países, principalmente de izquierda y aliados de Venezuela, condenando la intervención como una violación de la soberanía, mientras que gobiernos de derecha en América Latina y otros actores la celebraron como un paso hacia la democracia.