Tras su captura, Nicolás Maduro fue trasladado a Nueva York para enfrentar un proceso judicial por graves cargos, una acción que Estados Unidos define como una operación de captura judicial, mientras que Venezuela y sus aliados la denuncian como un "secuestro". La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, confirmó que Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron imputados en el Distrito Sur de Nueva York y enfrentarán “toda la ira de la justicia” en suelo estadounidense. Los cargos contra Maduro incluyen conspiración por narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos.
Estas acusaciones se enmarcan en una narrativa sostenida por Washington que vincula al gobierno chavista con redes criminales transnacionales, como el denominado Cartel de los Soles.
Previo a la operación militar, el Departamento de Justicia de EE. UU. había ofrecido una recompensa de hasta 50 millones de dólares por información que condujera a su arresto. La legalidad de la operación es un punto central de la controversia. Mientras el gobierno de Trump argumenta que Maduro no es reconocido como un mandatario legítimo y que su captura busca garantizar justicia, expertos en derecho internacional y varios gobiernos han cuestionado el uso de fuerzas militares para ejecutar una orden judicial en un país extranjero sin el consentimiento de sus autoridades, calificándolo como una violación de la soberanía y una afrenta al derecho internacional.
En resumenNicolás Maduro enfrenta graves cargos en Nueva York, incluyendo narcoterrorismo, en un proceso que EE. UU. justifica como una acción judicial. Sin embargo, la legalidad de su captura y traslado es fuertemente cuestionada a nivel internacional, siendo calificada por Venezuela y sus aliados como un secuestro que viola la soberanía nacional.